noviembre 16, 2005

Uuna mirada mas de esta ciudad ciega.

Cronologías de una ciudad que aun no se cae a pedazos...

En extremos que no distan de una cuadra la señora bien gasta lo mucho que le sobra en ropa y comidas exquisitas mientras que el pobre diablo pide miserias por la calle, entre tanto muchos piensan que aquel se lo merece, "debería haber estudiado".
En el colectivo que pasa, un viejo refunfuña porque "esta juventud de hoy día" no le cede el asiento. Y como es obvio, desconoce( o no se hace cargo) que ese es el legado que dejó (junto con todos los otros decrépitos) a esta juventud.
Al unísono cientos de manos dejan caer algo al piso, pero ya no suenan acordes en estas melodías de la ciudad. Total a alguien le pagan para juntarlos... otro que debería haber estudiado.
En un aula de un primer piso la maestra enseña a sus alumnos cosas que ni ella entiende, sin saberlo enseña hipocresía.
Una mujer amarra a su hijo para que no se meta en problemas, pero ya pasaron varios años y con veinte años el nene aun no sabe caminar.
Alguien roba monedas a un pobre jubilado y otro roba sueños a centenares de familia .El primero un desafortunado, el otro un desalmado.
El loco se confunde con el que habla por celular, y el fantasma es uno más en esta ciudad.
El apurado y el retardado se cruzan, no se chocan y no se miran, ni se existen el uno al otro. Ni nadie a nadie.
El comerciante le roba al que cree robarle al comerciante.
Dios mira con lastima a los nuevos Jesús, ya nadie los entiende, ya nadie les cree. Se lamenta y va a buscar otro mundo para no sentirse tan solo.
Un repartidor de panfletos brinda los instrumentos para las ya no melodías de la ciudad.
Mientras los gigantes tratan de hacer olvidar a la ciudad que en el mundo existe el sol.
Miles de ojos que nos miran y millones de bits de información que van a quien sabe donde.
Miles de ojos que ya no miran... estos son los de los cegados ciudadanos.
El silencio se refugia en los baños de las casas, único lugar donde aun se puede estar en paz.
El ruido devora toda posibilidad de sonido en esta devorada y devoradora ciudad.

Y yo entre tanto paso y me quedo, voy... aveces como fantasma, otras como estudiante cansado, aveces sonriente, despreocupado del humo y la bronca de la ciudad, aveces me muevo como todos: torpemente, y otras el hartazgo se me pega y me vuelvo un ciudadano más.
Aveces la ciudad me puede y no encuentro mundo donde refugiarme. Otras, la ciudad deja de existir, es cuando me libro a soñar...
quizás el dormir sea la única posibilidad de soñar... otros, nacieron sin poder dormir ni soñar.